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De huevos y castañas

En muchas ocasiones nos encontramos con cosas que la gente se empeña en mezclar y confundir a pesar de que son manifiestamente diferentes. Es entonces cuando solemos recurrir al refrán y decir que se parecen como un huevo a una castaña, lo que en realidad quiere decir que son claramente dispares.

Pues bien, en epidemiología tenemos un claro ejemplo de huevos y castañas en el caso de los tipos de medidas de frecuencia más utilizadas. Y me estoy refiriendo al lío que nos formamos con los términos razón, proporción y tasa.

Aunque las tres son cosas bien distintas, hay mucha tendencia a confundir unas con otras, y no solo entre aficionados: existen ejemplos en los libros de epidemiología de tasas que no lo son, de razones que son proporciones y de lo que queramos imaginar.

Vamos a verlas una a una y veremos cómo, en realidad, se parecen como un huevo a una castaña.

Entrando en materia, diremos que una razón representa la magnitud relativa de dos cantidades de dos variables cualesquiera. Se calcula dividiendo una de las magnitudes (numerador) entre la otra (denominador), de tal forma que compara las dos. La clave en la razón es que numerador y denominador no tienen por qué estar relacionados. Ni siquiera tienen que ser de la misma categoría de cosas. Podemos comparar huevos con castañas o huevos con personas que tienen un piso en Albacete (perdonadme si no se me ocurre un ejemplo en el que esta comparación pueda ser de utilidad).

Las razones pueden usarse con fines descriptivos o analíticos. Con fines descriptivos pueden compararse los hombres/mujeres que participan en un estudio, o la razón de casos y controles, etc. Con fines analíticos pueden servir para estudiar la enfermedad entre casos y controles, la mortalidad entre dos grupos, etc. Los ejemplos típicos de razón son el riesgo relativo y la odds ratio o razón de prevalencia.

Por otra parte, una proporción es la comparación de una parte respecto a un todo y puede expresarse como una fracción, un número decimal o un porcentaje. Por definición, el numerador debe estar incluido en el denominador. Por ejemplo, el número de obesos que juran que comen poquito dividido por el número total de obesos nos dará la proporción de obesos que juran comer poquito (que suele ser llamativamente más alta de lo esperable). Si la multiplicamos por cien, obtendremos el porcentaje.

La proporción representa también la probabilidad de que un suceso ocurra, por lo que sus valores oscilan de cero a uno, o de cero a cien si empleamos porcentajes. Un ejemplo sería el de la incidencia, que representa el riesgo de enfermar en una población en un periodo de tiempo dado.

Una proporción puede convertirse en una razón. Solo hay que restar el numerador del denominador y volver a dividir. Por ejemplo, si en un estudio participan 35 hombres y 25 mujeres, la proporción de participantes varones sería de 35/60 = 0,58. Pero si queremos saber la razón de hombres a mujeres sería de 35/(60-35) = 1,4.

El tercer concepto en discordia es el de tasa. Una tasa es una medida de la frecuencia con la que ocurre un evento en una población específica durante un periodo de tiempo determinado. Al basarse la medida en la frecuencia según el tamaño de la población, las tasas son muy útiles para comparar frecuencias de eventos en diferentes momentos, localizaciones, etc., al igual que entre poblaciones de distinto tamaño.

Quiero llamaros aquí la atención sobre la frecuentemente mal llamada tasa de prevalencia. La prevalencia mide el número de individuos de una población que presentan la enfermedad en un momento dado. Pero, si lo pensáis, los enfermos (numerador) están incluidos en el denominador, así que la prevalencia en realidad es una proporción y no una tasa.

Ejemplos de tasas reales serían las tasa de mortalidad infantil, de mortalidad específica, la tasa cruda de natalidad, etc.

Y con esto terminamos por hoy. No quiero liar más la cosa con otros indicadores epidemiológicos relacionados y de nombre parecido. Porque hay más, como la proporción de incidencia, la tasa de incidencia, etc. Pero esa es otra historia…