Ciencia sin seso… locura doble

Píldoras sobre medicina basada en pruebas

Guardado porEnero 2016
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Del triángulo a la tarta

Las cosas no ocurren porque sí. Y las enfermedades tampoco. ¿Por qué una persona que está sana de repente enferma y otra no? Pues porque hay una serie de factores que se distribuyen en la población que hacen que algunas personas tengan más riesgo de enfermar que otras.

Esto ha llamado la atención de los epidemiólogos desde siempre, de ahí que hayan intentado describir modelos para ilustrar la relación entre enfermos y enfermedades, para tratar de comprender cuáles son las causas de la enfermedad.

El modelo más sencillo lo forma un triángulo perverso entre tres elementos: el agente, el huésped y el ambiente. Estos tres elementos interrelacionan en una forma más o menos compleja para dar lugar a la aparición de la enfermedad.

Este modelo se ideó inicialmente para enfermedades infecciosas, así que el agente es el microorganismo en cuestión que puede producir la enfermedad. Por ejemplo, el plasmodio que produce el paludismo. Como es lógico, diferentes enfermedades dependen de la presencia de diferentes agentes, además de distintas interacciones entre agente, huésped y ambiente.

El huésped es el pobre sujeto que adquiere la enfermedad. No todos los huéspedes son igual de susceptibles a la enfermedad. Puede existir una serie de factores de riesgo intrínsecos al huésped que aumenten o disminuyan el riesgo de enfermar, aunque entre en contacto con el agente. En nuestro ejemplo del paludismo, los sujetos con anemia drepanocítica tienen menor riesgo de contraer el paludismo que los portadores de una hemoglobina normal.

El tercer lado de este triángulo lo constituye el ambiente, cuya función fundamental sería poner en contacto al agente con el huésped para producir la enfermedad. Si no hay mosquitos que trasmitan el parásito no tendremos casos de paludismo, por mucho plasmodio que haya en la charca.

El problema de este modelo tan elegante es que explica mucho mejor las enfermedades infecciosas que otros tipos de padecimientos. Tomemos el ejemplo del tabaco y el cáncer de pulmón. Todos sabemos que fumar provoca cáncer, pero ni todos los que fuman lo sufren ni todos los pacientes con cáncer han sido fumadores. Parece, pues, que esto de las causas es algo bastante más complejo.

Y aquí es donde nos topamos con la tarta. Imaginad todas las causas que se puedan relacionar con una enfermedad como los pedazos de una tarta. Si la tarta tiene las porciones necesarias, la enfermedad se produce. En caso contrario, la enfermedad no llega a producirse.

Pero no todos los pedazos de la tarta tienen la misma importancia. Así, reconocemos varias categorías de causas. Una porción podría ser una causa componente, que es cada uno de los componentes individuales que pueden dar lugar a la enfermedad.

Una causa componente puede estar constituida por factores relacionados con el agente, con el huésped y con el ambiente, pero por si solas no suelen ser suficientes para que la enfermedad aparezca. Uno puede estar expuesto años al agente y no desarrollar la enfermedad. Por ejemplo, la exposición a un virus no garantiza la infección si el huésped no tiene, además, otros factores de susceptibilidad.

Por otro lado estarían las causas necesarias. Sin ellas la enfermedad no se produce aunque concurran varias causas componentes. Pensemos por ejemplo en una infección por un germen oportunista en un inmunodeprimido. El germen no es capaz de producir la infección si el sistema inmune está indemne, luego la inmunodepresión sería causa necesaria para que se produzca la infección.

Por último, el pedazo más grande de la tarta, la causa suficiente. Este trozo completa por sí solo la tarta. Esta causa sola da lugar a la enfermedad sin necesidad de causas componentes o necesarias. Una enfermedad puede tener una o varias causas suficientes. Por último, podemos pensar como causa suficiente la concurrencia de varias causas componentes.

Para acabar, podemos rizar el rizo con esto de los tipos de causas y combinarlos en los siguientes:

– Necesaria y no suficiente: sin la causa no hay enfermedad, pero su presencia no la garantiza. Por ejemplo, el virus del papiloma y el cáncer de útero.

– No necesaria y suficiente: produce la enfermedad, pero esta puede darse también por otros factores causales que pueden actuar por sí solos. Por ejemplo, pensad en un tumor que pueda ser producido por la radiación, pero también por cancerígenos químicos.

– No necesaria y no suficiente: ninguno de los factores del huésped es imprescindible para la enfermedad y ninguno la causa por sí solo. Por ejemplo, todos los factores de riesgo de diabetes o de enfermedad coronaria.

Y aquí dejamos los triángulos y las tartas, no sin antes hacer una pequeña reflexión. Todo lo que hemos dicho sobre causas de enfermedades podríamos haberlo dicho sobre factores protectores contra el desarrollo de la enfermedad. Por ejemplo, la eliminación del tabaco sería un factor componente para la prevención del cáncer de pulmón. Pero esa es otra historia…